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¿Se puede prevenir el cáncer de mama?

El cáncer de mama es el tumor más frecuente en las mujeres occidentales. De hecho, en los últimos años ha aumentado en todas las franjas de edad y un porcentaje de ellos (entorno al 20%) se da en mujeres menores de 45 años, que están fuera de los sistemas de cribados. No obstante, la incidencia de la enfermedad es hasta tres veces mayor en la franja que va desde los 50 a los 55 años. En España se diagnostican alrededor de 25.000 nuevos cánceres de mama al año como recoge la Asociación Española contra el Cáncer (AECC: Situación del cáncer en España 2014). Tristemente, el cáncer de mama es una “lotería” que le puede tocar en España a 1 de cada 8 mujeres a lo largo de su vida.  

El dato positivo es que la supervivencia va en aumento y ya alcanza el 83% a los cinco años del diagnóstico, la tasa más alta de Europa, mientras que la mortalidad desciende cerca de un 2% cada año. El tratamiento ha mejorado un 20% la supervivencia en tres décadas.

El cáncer de mama aún es un gran desconocido. Se sabe que existen, por ejemplo, tumores asociados a una alteración genética, que se transmite de generación en generación, como era el caso de la actriz Angelina Jolie, cuya madre y tía fallecieron por un cáncer de mama. Sin embargo, solo una pequeña proporción de los tumores de mama son hereditarios, apenas entre el 5 y el 10 por ciento de todos los que se diagnostican. El origen del 90% restante es difícil explicar. El cáncer de mama puede aparecer en mujeres sin antecedentes familiares y, a diferencia del cáncer de pulmón, vinculado directamente al tabaco, en el de mama no se ha encontrado aún una causa tan determinante, aunque sí se conocen algunos factores de riesgo.

Factores de riesgo

Las mujeres que tienen más riesgo, como comentábamos al principio, son aquellas que han cumplido 50 años. También tienen más posibilidades de sufrir esta “lotería” aquellas que ya han sufrido un cáncer de mama o una lesión precancerosa, así como aquellas mujeres que cuentan con antecedentes familiares de cáncer (especialmente, la madre, hermana o hija). Otros factores de riesgo son: haber tenido una primera regla precoz o una menopausia tardía, no haber tenido hijos o el retraso de la maternidad más allá de los 30 años, factor de riesgo determinante asociado a los países más avanzados, así como no amamantarlos.

Además, cada vez hay más estudios que vinculan la obesidad, el consumo de alcohol y el sedentarismo a un mayor riesgo de cáncer. Aunque aún no se sabe con certeza el por qué, las mujeres obesas tienden a padecer tumores más avanzados y agresivos de mama. Una explicación podría ser que el sobrepeso aumenta la rigidez de los tejidos de grasa mamaria, lo que crea un microambiente que favorece el crecimiento del tumor.

Según los datos de la Organización Mundial de la Salud, la obesidad en todo el mundo se ha duplicado con creces desde 1980, afectando a más de 600 millones de personas solo en 2014. Tener sobrepeso o padecer obesidad aumenta el riego de desarrollar diferentes tipos de cáncer, entre los que se encuentra el de mama. Científicos de la Escuela de Medicina de la Universidad de Washington  descubrieron que en la mayoría de estos tipos de cáncer, cuanto mayor era el Índice de Masa Corporal (IMC), mayor era su riesgo de cáncer. Estos resultados ponen de relieve, una vez más, la importancia de adoptar un estilo de vida saludable.

La importancia de la prevención

El cáncer de mama no se puede prevenir, sin embargo estudios recientes parecen demostrar que el riesgo de padecer cáncer de mama se puede reducir. Aunque hay muchos factores de riesgo para esta enfermedad, sí hay ciertos cambios en el estilo de vida que pueden reducir las probabilidades de desarrollar cáncer de mama. Los expertos en la materia coinciden en la importancia de la prevención y en la adopción de hábitos saludables, como controlar el peso, una alimentación equilibrada, actividad física, la lactancia materna, evitar el sedentarismo, la obesidad o el tabaco… Estas son algunas de esas ‘medidas preventivas’ que pueden tener un impacto significativo en la reducción del riesgo de  diferentes tipos de cáncer como el de mama.

Cáncer Mama

De sobra son conocidos los beneficios que confiere la práctica de ejercicio físico en la salud. De hecho, en el caso de padecer esta enfermedad un estudio intervencional sobre el ejercicio físico en el tratamiento neoadyuvante del cáncer de mama triple negativo llevado a cabo  por la doctora Laura García, especialista de la Unidad de Mama del Centro Integral Oncológico Clara Campal HM, apunta que la actividad física estimula y potencia el sistema inmune, reduciendo la inflamación y potenciando el sistema cardiovascular. Dicho estudio trata de demostrar que el ejercicio físico aumenta la probabilidad de supervivencia de una mujer con cáncer de mama, al tiempo que reduce las posibilidades que tiene de volver a contraer la enfermedad una vez la haya superado.

Por otro lado, dentro de una dieta saludable habría que incluir o tener en cuenta la ingesta de ciertos alimentos de los denominados con propiedades anticancerígenas como el aceite de oliva virgen extra o el brócoli.  En el caso del brócoli, por ejemplo, su éxito radica en su elevado contenido en isotiocianatos. Esta sustancia, presente también en el repollo y la coliflor, protege al gen p53 que es el que se ocupa de mantener a las células sanas y evitar el crecimiento anormal del cáncer.

En el caso del aceite de oliva, según los resultados de un estudio realizado en España y publicado en la revista JAMA Internal Medicine, las mujeres que consumen unas cuatro cucharadas soperas de aceite de oliva virgen extra al día puede reducir hasta dos tercios su riesgo de desarrollar un cáncer de mama.

Además, nuevos estudios también evidencian que los probióticos, alimentos que contienen microorganismos vivos con actividad intestinal,  pueden ser de utilidad a la hora de prevenir el cáncer de mama. Así lo indica el estudio realizado por investigadores del Centro Lawson para la Investigación de la Salud en London (Canadá). Concretamente, el estudio, publicado en la revista «Applied and Environmental Microbiology», muestra que los ‘Lactobacillus’, género de bacterias presentes en los alimentos probióticos, son mucho más abundantes en los tejidos mamarios sanos que en los tumorales, por lo que sugiere que la ingesta de este tipo de bacterias podría ayudar a prevenir el desarrollo de cáncer de mama.

Detección precoz

Es importante recordar que el cáncer de mama si se detecta precozmente tiene una curación de más del 90 por ciento, por eso es importante estar atentos a las alertas que emite el cuerpo para tratarlo cuanto antes. Consulta con tu médico ante: cualquier cambio en la forma o en el tamaño de la mama, la aparición de un bulto palpable en el pecho o en la axila (el bulto se palpa como un nudo duro o un engrosamiento), la aparición de secreciones repentinas en el pezón (sanguinolentas o lechosas), la existencia en el pezón de una herida persistente o la retracción del mismo, la aparición de piel de naranja (más enrojecida y caliente), irritaciones persistentes de la piel de la mama, dolor en el pecho y menor movilidad en una de las mamas al levantar los dos brazos a la vez ante un espejo.

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