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El ejercicio es bueno para la microbiota

En general, el ejercicio mejora la circulación sanguínea, por ejemplo, del intestino. Esto produce un mejor suministro de nutrientes y, en consecuencia, una mejor función intestinal. Además, tiene un efecto positivo sobre la motilidad, lo que hace que las heces no se queden demasiado tiempo en el cuerpo. Pero la idea de que el ejercicio también es bueno para los aspectos cuantitativos y cualitativos de la flora intestinal es relativamente nueva.  ¿Cómo funciona exactamente?

Factores ambientales y flora intestinal

En primer lugar, viene bien resumir los factores ambientales que pueden influir negativamente en la cantidad y composición de la flora intestinal.

• Estrés psicosocial prenatal en la madre
• Obesidad de la madre
• Cesárea, lactancia materna breve o nula
• Uso de antibióticos y AINE
• Dieta pobre en nutrientes, toxinas
• Exceso de azúcar
• Déficit de fibra fermentable
• Estrés, burnout, vejez, enfermedad

Ejercicio y flora intestinal

Un reciente estudio de revisión revela que el ejercicio puede incrementar el número de bacterias favorables en el intestino, y demuestra que la microbiota reacciona a las variaciones homeostáticas y fisiológicas en él como consecuencia del ejercicio físico (Monda et al., 2017). En el artículo de revisión se concluye que “hay fuertes indicios de que el ejercicio es un factor ambiental que puede provocar cambios en la composición cualitativa y cuantitativa de la flora intestinal, con posibles efectos positivos sobre la salud del huésped”.
¿Pero qué es exactamente lo que el ejercicio le hace a la flora? Según los investigadores, cabe destacar cuatro efectos importantes.

El ejercicio:

• Aumenta la diversidad de la flora intestinal;
• Mejora la proporción entre Bacteroidetes y Firmicutes;
• Favorece la proliferación de bacterias beneficiosas;
• Estimula la producción de ácidos grasos de cadena corta por parte de las bacterias.

Varios estudios han demostrado que las personas sanas tienen mayor diversidad de flora intestinal que las enfermas. Especialmente, los cazadores-recolectores, como los hadza, tienen un microbioma mucho más extenso que el ser humano occidental (Segata, 2015). En esta tribu (ni en otros pueblos con similar vida tradicional) no se registran en general enfermedades crónicas como la diabetes tipo 2. Tendrá que verse en futuros estudios si realmente se trata de una relación causa-consecuencia, pero dentro de la ciencia la tendencia es a pensar cada vez más en esta dirección (Browne et al., 2017).
Además, es posible que una mejor proporción entre Bacteroidetes y Firmicutes contribuya a bajar de peso y mejorar las molestias intestinales (Monda et al., 2017). La proliferación de bacterias beneficiosas ejerce un efecto positivo sobre la función de barrera, reduciendo así las probabilidades de obesidad y enfermedades metabólicas. Y, finalmente, los ácidos grasos de cadena corta en el intestino son los que se encargan, entre otras cosas, del mantenimiento del epitelio intestinal (Morrison et al., 2016).

Efectos en el organismo de la disbiosis
Cuando están mal los cuatro puntos anteriores, se habla de disbiosis. Si el microbioma intestinal está desequilibrado, esto se refleja en un amplio abanico de procesos físicos (Browne et al., 2017). El estudio de los últimos veinte años ha revelado, entre otras cosas, su posible influencia en el campo de:

• La digestión (enterocolitis, sepsis, dolores de barriga, estreñimiento);
• El sistema inmune (alergias, eccema, Crohn, celiaquía);
• El sistema nervioso (cólico, estrés, problemas de conducta, afecciones neurológicas);
• Los pulmones (asma, bronquitis, EPOC).

La importancia para la consulta

Basándose en su revisión, los investigadores han concluido que el ejercicio puede utilizarse como tratamiento o prevención de la disbiosis y las enfermedades relacionadas con ella.

“El ejercicio puede usarse como tratamiento para la conservación de una microflora equilibrada o para restaurar su equilibrio tras una disbiosis. De esta forma se puede mejorar el estado de salud. No obstante, hace falta más investigación para comprender aún mejor los procesos que modifican la composición y el funcionamiento de la microflora”.
Dicho de otro modo: la buena salud comienza en el intestino. Lo cual a su vez comienza con una buena alimentación con mucha fibra y poco azúcar, la reducción del estrés y, en caso necesario, la suplementación con L-glutamina, prebióticos y probióticos. Pero está claro que el ejercicio tampoco se debe pasar por alto.

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