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Atajar el dolor crónico desde una visión de 360º de la salud

Desde el año 2008, la Organización Mundial de la Salud (OMS) registra el dolor crónico como una enfermedad y no como un síntoma de cualquier otra. El dolor crónico puede venir desencadenado por una lesión o un traumatismo, pero, se conozca o no la causa, el dolor crónico es una enfermedad y como tal hay que tratarla. El dolor crónico es un problema de salud que afecta del 25 al 30% de la población general a nivel internacional. Se estima que uno de cada cinco europeos (19%) sufre dolor crónico. La prevalencia en España se sitúa en un 17%, lo que equivale a que 6,10 millones de españoles sufren dolor crónico, siendo las mujeres las más afectadas (61% de mujeres frente a un 39% de hombres).

La Sociedad Española del Dolor (SED) estima que entre el 40% y el 80% de las consultas médicas están relacionadas con el dolor, siendo la causa más frecuente por la que los pacientes acuden al centro médico.

Es importante diferenciar entre dolor agudo y crónico. El primero, corresponde a un síntoma, una alerta que nos indica que algo no va bien en nuestro cuerpo y que hay que mirar. Es importante tratar ese dolor porque cuando no se hace, éste tiende a cronificarse. El dolor crónico es otra cosa. Por definición, se considera dolor crónico al que se prolonga durante más de tres o seis meses, y afecta al entorno social, laboral y afectivo del paciente, así como a su calidad de vida y la de su familia. Ese dolor se convierte en enfermedad y es importante conocer la causa de ese dolor crónico. Hay que ir al origen de este dolor para encontrar la mejor forma de actuar frente a él.

El dolor crónico puede ser causado por una herida o infección anterior o por una enfermedad. En ocasiones, no hay una causa conocida para el dolor.

Algunas afecciones que pueden desencadenar un dolor crónico son: infecciones, dolores de cabeza o migrañas, problemas de espalda, cáncer, artritis, fibromialgia, daño nervioso, cirugía anterior… Además, la depresión y el estrés tienden a empeorar el dolor, incluso el dolor crónico.

Según el neurólogo Jordi Montero en una entrevista en La Voz de Galicia, “el dolor crónico está muy mal entendido por la medicina, aún muy cartesiana.[…] Dolor, inflamación y depresión son nuestros tres sistemas básicos de defensa. El dolor avisa de un daño pero mientras el agudo implica lesión, el dolor crónico es un error en nuestras redes cerebrales y a veces dura años. Así pasa con la alergia, que presenta errores en los sistemas de inflamación y se inflaman cuando no toca”.

El dolor crónico puede presentarse en cualquier parte del cuerpo.  A menudo, las personas con dolor crónico tienen otros síntomas, como sensación de cansancio, problemas para conciliar el sueño o cambios de humor. El mismo dolor a veces conduce a otros síntomas, por ejemplo, baja autoestima, ira, depresión, ansiedad o frustración.

Según un estudio de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA), y publicado en el Journal of Neuroscience, el dolor crónico, la ansiedad y la depresión tienen una clara conexión en el cerebro. El dolor crónico provocaría una inflamación tal en el cerebro que se extendería alterando la actividad de otras regiones que regulan el estado del ánimo y la motivación.

Vivir con dolor crónico

Uno de los rasgos del dolor crónico es que, a diferencia del agudo, es difícil aliviarlo solo con medicamentos. De hecho, resultan de mayor utilidad técnicas dirigidas a tratar de controlar emociones y estados de ánimo. Los cambios en el estilo de vida son una parte primordial en la lucha contra el dolor crónico. Vivir con dolor crónico no es fácil. Es importante dormir bien, llevar una dieta saludable y practicar deporte o realizar alguna actividad física de manera habitual. Relajarse, despejar la mente de los problemas, tener pensamientos positivos, reducir el estrés… puede ayudar a controlar el dolor.

Depresión

El estrés mantenido favorece la síntesis de citoquinas proinflamatorias y más activación de la amígdala cerebral, lo que se relaciona con el dolor crónico, ansiedad y otras enfermedades de nuestro día a día. Es uno de los principales detonantes de los problemas estomacales como la inflamación, estreñimiento o diarrea, debido a que provoca disbiosis, una alteración que sufren las bacterias que habitan en el intestino que se encargan de evitar el desarrollo de diversas enfermedades.

Un buen sistema nervioso que permite dormir bien, estar equilibrado y hacer ejercicio físico potencia el sistema de defensas. Y a la inversa, sabemos que los estados estresantes, deprimentes y crónicos, son estados proinflamatorios.

Existen varios tipos de terapias que pueden aliviar el dolor como la fisioterapia, ejercicio de bajo impacto, terapia ocupacional, terapia del comportamiento con métodos que ayudan a relajarse y a disminuir el estrés como mindfulness, meditación, yoga, taichí…

Yoga

Alimentación e inflamación

No hay que resignarse cuando se sufre un dolor. Unos hábitos saludables pueden ayudar a controlarlo. La alimentación es una herramienta muy importante para combatir el dolor y puede ayudar a que el organismo cambie esa tendencia a sufrirlo.

La alimentación siempre desencadena una reacción inflamatoria. Cuando comemos, ingerimos tanto nutrientes como bacterias.  El cuerpo distribuye entonces simultáneamente tanto la glucosa digerida como las bacterias que la acompañan. Esto desencadena una reacción inflamatoria que activa el sistema inmune.

La activación crónica del sistema inmune puede causarse, por ejemplo, por sobrealimentación, comer demasiadas veces, estar mucho tiempo sentado, sedentarismo, falta de sueño, escaso ejercicio o por problemas psicoemocionales no resueltos. La suma de estos factores de riesgo provoca la activación crónica de los ejes de estrés y la penetración de desechos bacterianos en el torrente sanguíneo. El resultado es una inflamación crónica de bajo grado.

Alimentación saludable

Una alimentación sana con muchos nutrientes (como la paleodieta o dieta evolutiva, la dieta nórdica o la mediterránea) consigue que la inflamación postprandial pueda hacer bien su trabajo y no se convierta en una inflamación de bajo grado. Constituye, junto con el suficiente ejercicio físico, en un importante medio preventivo de patologías como la diabetes tipo 2. Recuperar la salud, volviendo a nuestros orígenes. Apostar por una alimentación basada, principalmente, en comer frutas, verduras y proteínas de origen animal, en definitiva, comida real.

A la hora de cuidar nuestra salud es importante prestar atención a la conexión intestino-mente.  Desde la PNI clínica se sabe desde hace mucho tiempo que el cerebro y el sistema inmune están en constante comunicación. De hecho, como se puede comprobar, la evidencia científica al respecto es cada vez mayor en los últimos años.

Cuando algo no funciona bien, los nervios del tubo digestivo se hipersensibilizan amplificando los estímulos que originan el malestar, la náusea, el dolor, etc. El cerebro registra estas señales provenientes del sistema digestivo y, a su vez, las modifica bajo el influjo de emociones como la angustia, la ansiedad o la depresión.

Durante muchos años se creyó que el sistema inmune era un sistema de funcionamiento independiente pero los estudios han demostrado que el cerebro y el sistema inmune están en conexión constante.  Desde la PNI clínica tomamos en cuenta todos los factores influyentes en la salud. Esto implica trabajar desde la Psicología, Neurología, Endocrinología e Inmunología, hasta los factores ambientales, relaciones sociales y, por supuesto, la nutrición y el ejercicio físico. La PNI nos ofrece una visión de 360º de la salud para no olvidar ningún aspecto de cada patología.

Cada vez más profesionales de la salud tienen presentes las implicaciones de diferentes factores en las patologías crónicas de sus pacientes. Si eres profesional sanitario y te interesa conocer estas relaciones y poder conseguir las herramientas necesarias para integrar todos los factores involucrados en la correcta resolución de la inflamación y el dolor crónico, ya puedes apuntarte a nuestro curso ‘Claves Evolutivas en el tratamiento de la inflamación y el dolor crónico’.

Claves Evolutivas

No podemos olvidar que nuestro organismo es un engranaje en el que todo está relacionado, si falla una pieza repercute al resto.

Cita del Dalai Lama sobre pensamiento Positivo

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